lunes, 31 de diciembre de 2012

LIBRO DE LA SABIDURIA



 -MAYOR NITIDEZ-

CAPITULO PRIMERO
Aviso a los soberanos de la tierra. A quienes ama la sabiduría, y de quienes huye. La muerte viene del hombre, no de Dios.
II
Sentimientos y deseos de los impíos. Insigne profecía de Jesu-Christo.



III
Los justos son felices, aun en medio de las aflicciones: los pecadores experimentan muchas desazones ya en esta vida, después de la cual serán eternamente desdichados. Elogio de la castidad.


IV
Comparación de una descendencia justa y virtuosa, con la impía raza de los adúlteros o perversos: amorosa providencia de Dios con los justos, y confusión eterna de los impíos.
V
Lamentos de los condenados: armas de Dios contra los impíos. Felicidad eterna de los justos.


VI
Amonestase a los reyes y jueces que busquen la sabiduría; pónenseles a la vista los suplicios espantosos de los que gobiernan mal.
VII
Deseo de la sabiduría, y su elogio: su origen, fuerza, dotes y hermosura.





VIII
La sabiduría abraza todos los bienes. Viene de Dios. Dichoso el que la posee.



IX
Oración humilde de Salomon pidiendo a Dios la sabiduría.
X
Adam, Noé y demás patriarcas, y el pueblo de Israél protegidos y puestos en salvo por la sabiduría.


XI
Como la divina Sabiduría protegió a los Hebreos, y los hizo triunfar de sus enemigos.
XII
Paciencia infinita del Señor en tolerar por tanto tiempo las sacrílegas maldades de los Chananéos.


XIII
Locura de aquellos que adoraron como dioses las obras de Dios, y los ídolos hechos de mano de los hombres.


XIV
Necedad y ceguera de los idólatras: descríbese el origen de la idolatría.
XV
Acción de gracias a Dios por haber preservado a Israél de la idolatría. Ceguedad de los idólatras, e invectivas contra ellos.


XVI
Cuán diferentemente trato Dios a los Hebreos sus adoradores, que a los idólatras Egypcios.



XVII
Circunstancias memorables de las horrendas tinieblas de Egypto.
XVIII
Una columna de fuego alumbra a los Hebreos. Mata un Angel a todos los primogénitos de los Egypcios. Aaron intercede por su pueblo.


XIX
Los Egypcios perecen por su obstinación, y los Israelitas se salvan milagrosamente.