miércoles, 22 de enero de 2014

LA PROFECIA DE JEREMIAS

CAPITULO PRIMERO
Declara Jeremías como fué llamado al ministerio de Profeta. En dos visiones le manifiesta el Señor que el objeto principal de sus profecías será anunciar la destrucción de Jerusalem por los Chaldéos3.



II
Quéjase el Señor amargamente de los Judíos, y especialmente de los pastores y profetas falsos: y por Jeremías les intíma su próxima ruina en castigo de sus maldades.





III
El Señor con suma bondad llama otra vez a sí a su pueblo. Gloria de Jerusalem con la reunión de los dos reinos de Judá y de Israél, y la agregación de todas las naciones.


IV
Exhorta Dios por Jeremías a los Judíos a la verdadera penitencia; y les anuncia, si no la hacen, la irrupción de los Chaldéos.


V
El Señor, en vista de haber llegado a lo sumo las maldades de su pueblo, le anuncia que va a castigarle por medio de un pueblo extranjero.


VI
Viendo el Señor que a pesar de la predicción de Jeremías el pueblo no se convierte, pronuncia contra este la sentencia final, y confirma a Jeremías en su ministerio.
VII
Sermon que Jeremías hace, por orden del Señor, al pueblo incorregible y obstinado.


VIII
Extrema desolación de Jerusalem, en la cual serán todos castigados, reyes, sacerdotes, profetas, y el pueblo todo, porque todos se han obstinado en sus maldades.


IX
Jeremías llora inconsolable los males espirituales y corporales de su pueblo: le convida en nombre de Dios al arrepentimiento; y habla del castigo del Señor contra todos los pecadores.


X
Vanidad del culto de los astros y de los ídolos. Solo Dios es Criador y Gobernador del universo: él castigará a los pecadores; por estos ruega a Dios el Profeta.




XI
Recuerda Jeremías al pueblo la alianza con el Señor, y las maldiciones contra sus transgresores; a quienes intima, vista su dureza, los irrevocables castigos de Dios. Jeremías, perseguido de muerte, es imagen de Jesu-Christo.


XII
Se lamenta Jeremías, viendo que prosperaban los impíos y los hipócritas; le manifiesta el Señor el desgraciado fin que tendrán, como también las aflicciones que le esperan a él y a Jerusalem: el restablecimiento de esta ciudad, y la ruina total de otros pueblos.
XIII
El cíngulo o faja de Jeremías, es una figura con que el Señor representa a Jerusalem abandonada de Dios: la exhorta a la penitencia, y la amenaza con total ruina.


XIV
Jeremías predice al pueblo una gran sequedad y carestía: no escucha el Señor los ruegos del Profeta, ni los sacrificios del pueblo. Con todo eso Jeremías no cesa de implorar la Divina Misericordia.


XV
Confirma el Señor la sentencia dada contra su pueblo, en vista de su obstinación. Jeremías representa al Señor los disgustos y contradicciones que sufre en su ministerio, y es confortado por Dios.


XVI
Calamidades que enviará Dios sobre el pueblo de Israél: después de las cuales le enviará predicadores  que le conviertan al buen camino, y hará brillar en él su infinita misericordia.
XVII
Obstinación de los Judíos, causa de su castigo. Debemos poner la confianza en Dios, no en los hombres. Jeremías ruega a Dios que le dé fuerzas para resistir a sus enemigos. Santificación del sábado.


XVIII
Con la semejanza del barro y del alfarero demuestra el Señor que está en su mano el hacer beneficios, o enviar castigos al pueblo de Israél. Manda al Profeta que le exhorte a penitencia. Conjuración del pueblo contra Jeremías: figura de la que formaron después contra Jesús.


XIX
Jeremías, quebrando delante de todos una vasija de barro, anuncia de orden de Dios, con esta figura, la total ruina de Jerusalem.
XX
Jeremías, maltratado y encarcelado por Phassur, profetiza contra éste y contra toda la Judéa: Se lamenta a Dios de que permita que padezca por anunciar su palabra. Y pone en él su confianza.


XXI
Respuesta de Jeremías a la pregunta de Sedecías sobre la suerte de Jerusalem sitiada. Solamente se salvaran aquellos que se sujeten a los enemigos.


XXII
Terrible profecía de Jeremías contra el rey de Judá y su familia.
XXIII
Predice Jeremías que en lugar de los malos pastores del pueblo de Israél, enviará el Señor al BUEN PASTOR, quien con sus mayorales formará un nuevo y dichosísimo rebaño; y anuncia la ignominia eterna con que serán castigados los falsos profetas.



XXIV
Con la figura de dos canastillos de higos declara el Señor la piedad con que se tratará a los Judíos que se convirtieren en Babylonia, y el rigor con que tratará a los que se quedaren en el país.
XXV
Mostrándose los Judíos rebeldes a las amonestaciones de Jeremías y demás profetas, les intima éste la destrucción de Jerusalem por los Chaldéos, y que serán llevados cautivos; hasta que pasados setenta años beban sus enemigos el cáliz de la indignación del Señor.


XXVI
Jeremías preso y en peligro de perder la vida, por haber predicado lo que Dios le mandaba.


XXVII
Manda el Señor a Jeremías que con cierta señal declare la próxima sujeción de la Judéa y provincias vecinas a los Chaldéos: exhorta a todos a que se sometan espontáneamente, sin hacer caso de los vanos pronósticos de los falsos profetas.



XXVIII
Hananias Profeta falso es redargüido por Jeremías; quien confirma nuevamente lo que había profetizado, y vaticina la próxima muerte de Hananias.
XXIX
Carta de Jeremías a los cautivos de Babylonia, exhortándolos a la paciencia. Les anuncia la libertad para después de los setenta años prefijados por el Señor: confirma la total ruina de los que quedarán en la Judéa, y amenaza a los falsos profetas Achab y Sedecías, y a Semeias.


XXX
Predice Jeremías el fin de la cautividad de Babylonia; y que en seguida las dos casas de Judá e Israél servirán al Señor reunidas bajo un rey del linaje de David.


XXXI
Jeremías profetiza la libertad del pueblo de Israél; el cual, reunido todo, servirá al Señor y será colmado de bienes. Nacimiento del Mesías, y formación de la nueva Ley.


XXXII
Jeremías, durante el sitio de Jerusalem por Nabuchodonosor, compra por orden del Señor un campo, y hace escritura de compra, no obstante que aquel país iba a ser asolado, y cautivado el pueblo, para manifestar con esa señal que los Judíos volverían libres a su antiguo país, donde el Señor haría con ellos una nueva alianza.


XXXIII
El Señor promete nuevamente el feliz restablecimiento de Jerusalem: anuncia otra vez la venida del Mesías y su reino eterno. Incredulidad de los Judíos.


XXXIV
El Señor entregará al rey Sedecías y a Jerusalem en poder del rey de Babylonia. Reprende a los Judíos por no haber cumplido la promesa de dar libertad a los esclavos hebreos.


XXXV
Obediencia de los Rechabitas a las reglas de sus mayores, y desobediencia de los Judíos: intima a estos el castigo, y promete la bendición a aquellos.



XXXVI
Jeremías hace leer a todo el pueblo por medio de Baruch el volumen de sus profecías, o amenazas de Dios; pero el rey Joakim quema el libro, y da orden de prender a Jeremías y a Baruch: el Señor los salva, y manda a Jeremías que dicte otro volumen a Baruch, e intime a Joakim su ruina y la de Jerusalem.
XXXVII
El nuevo rey Sedecías se encomienda a las oraciones del Profeta. Retírase Nabuchodonosor, y Jeremías predice que volverá, y que la ciudad será entregada a las llamas. Preso Jeremías vaticina a Sedecías un cautiverio; y no obstante manda el rey que le trasladen al patio de la cárcel, y que le den de comer.


XXXVIII
Jeremías es entregado por el rey en manos de los príncipes, quienes le encierran en un calabozo lleno de cieno: de allí le saca Abdemelech por orden del rey, al cual exhorta el Profeta a que se rinda a los Chaldéos. El rey manda a Jeremías que no diga a nadie lo que ha hablado con él.


XXXIX
Conquista de Jerusalem: Sedecías es hecho prisionero: matan a sus hijos delante de él, y después le sacan los ojos. Incendio de la ciudad y del templo. El resto del pueblo es llevado cautivo a Babylonia junto con Sedecías. Jeremías es puesto en libertad.
XL
Jeremías, puesto en plena libertad, va a verse con Godolías prefecto de Judéa. No cree éste a Johanan que le avisa una traición que se urdia.


XLI
Bárbara crueldad con que Ismahel mata a Godolias y a sus soldados. Persigue Johanan a Ismahel, el cual huye con ocho personas. El resto de la gente determina huir a Egypto.


XLII
Jeremías, después de haber rogado y consultado al Señor, responde que los Judíos vivirán seguros si se quedan en Judéa; pero que si pasan a Egypto perecerán al filo de la espada, de hambre y de peste.
XLIII
Azarias, Johanan, y el resto de los Judíos inobedientes al precepto del Señor se van a Egypto, llevándose consigo a Jeremías y a Baruch. Allí predice Jeremías la ruina de Egypto y de sus ídolos por Nabuchodonosor.
XLIV
Los Judíos en Egypto, reprendidos por Jeremías a causa de sus idolatrías, responden descaradamente, hombres y mujeres, que continuarán haciendo lo que hacen. Les predice su ruina, dándoles por señal cierta de ella la derrota y muerte de Pharaon.


XLV
Dios por medio de Jeremías reprende a Baruch, el cual se lamentaba de no tener reposo alguno; y después le consuela.


XLVI
Jeremías profetiza la derrota de Pharaon Nechao, y la desolación de Egypto por Nabuchodonosor: vaticina a los Judíos su libertad, y su vuelta a Jerusalem.
XLVII
Jeremías profetiza la destrucción de los Philisthéos, de Tyro, de Sidon, de Gaza, y de Ascalon.


XLVIII
Profetiza Jeremías la ruina del reino y nación de los Moabitas por su soberbia, por haber perseguido al pueblo de Dios, y por sus idolatrías; pero después les promete que finalmente saldrán del cautiverio.


XLIX
Jeremías profetiza la ruina de los Ammonitas, de los Iduméos, de los de Damasco, y de Cedar, y de los reinos de Asor, y de Elam.



L
Profecía de la ruina de Babylonia por los Medos y Persas: y de la libertad que logrará el pueblo de Dios; al cual exhorta que se aproveche de tan gran beneficio del Señor.


LI
Continúa Jeremías describiendo la ruina de Babylonia: a cuya ciudad envía estas profecías para que sean leídas, y confirmadas con una señal visible.



LII
Nabuchodonosor se apodera de Jerusalem: incendio de la ciudad, y del templo: hace sacar los ojos al rey Sedecías; y se le lleva cautivo a Babylonia con el resto del pueblo. Exaltación de Joakim después de treinta y siete años de estar preso.