lunes, 20 de mayo de 2013

LIBRO DEL ECLESIASTICO

CAPITULO PRIMERO
Que la sabiduría tiene su origen de Dios, cuyo santo temor y amor la acompañan siempre, y por consiguiente también las demás virtudes.





II
Con qué espíritu debemos servir al Señor, sufrir por él. Efectos del temor de Dios.


III
De la honra debida a los padres: alabase la modestia y mansedumbre: repréndese la curiosidad en la inteligencia de los divinos misterios: se nos recomienda la misericordia y compasión para con el prójimo.
IV
Inculca la limosna y el estudio de la sabiduría, y encarga mucho la defensa de la verdad.



Versión original

V
Contra la vana confianza en las riquezas y en la misericordia de Dios para pecar con mas libertad; y contra otros vicios.


VI
Elogio de la verdadera amistad. Cuán arduo es el conseguir la sabiduría, y con cuanta ansia debe buscarse.
VII
Vicios que deben evitarse en la sociedad, y virtudes que se han de practicar.


VIII
Como se ha de portar el hombre con diversas clases de personas.


IX
De la cautela en el trato con las mujeres, y con los grandes: conversar con los sabios: tener siempre presente a Dios.
X
Reglas para los príncipes y para los vasallos. Elogios del temor de Dios. Debemos trabajar para alimentarnos.


XI
El hombre debe poner su gloria en la verdadera sabiduría, no en la hermosura ni otras calidades exteriores. No debe juzgar precipitadamente. Dios es el que reparte los bienes y los males de esta vida.


XII
Los beneficios son mal empleados en gente perdida. Cautela con que se debe tratar a los falsos amigos.
XIII
Cuán peligroso es el trato con el soberbio, con el rico, y con el poderoso. Amar a Dios y al prójimo. Comparación del pobre y el rico.


XIV
Cuán dichoso es el que no peca en su hablar. Fealdad de la codicia, y amabilidad de la sabiduría.
XV
Finezas de la sabiduría, que no las recibe quien no las merece. Invectiva contra los que hacen a Dios autor de los pecados.


XVI
Nadie debe gloriarse en sus hijos, si son malos. Cómo ha castigado Dios a los impíos para escarmiento de todos. Su misericordia con los buenos.
XVII
Creación del hombre y su dignidad. Divídese el género humano en varias naciones: providencia de Dios sobre ellas. Virtud de limosna: misericordia del Señor para con los pecadores.


XVIII
Grandeza de Dios, y miseria del hombre. Reglas para vivir bien.


XIX
Contra la embriaguez y lascivia. Debemos refrenar la lengua, y corregir a nuestros hermanos. La sabiduría sin el temor de Dios es vana. Señales para conocer al hipócrita.
XX
De la corrección fraterna: del silencio: de las dadivas: del hablar, y de la mentira. Hemos de comunicar a los demás la sabiduría.


XXI
De la malicia del pecado, y medios para preservarnos de él.


XXII
De la pureza del hijo mal criado: es tiempo perdido instruir a un tonto. Como se debe conservar la amistad.
XXIII
Oración a Dios para preservarse de la soberbia, de la gula, y de la lujuria. Reprensión de los vicios de la lengua, y de la carne.


XXIV
Declara el origen y eternidad de la sabiduría, y predica sus alabanzas; explica sus efectos maravillosos, y el ardiente deseo que tiene de comunicarse a los hombres.





Versión original

XXV
Varios efectos de la sabiduría. Los ancianos deben guardar decoro. Nueve cosas que todos tienen por buenas. Elogio del temor de Dios. Entre los males el peor es la mala mujer.


XXVI
Elogio de la mujer buena, y malas artes de la que no lo es. Tres cosas que afligen; y dos que parecen difíciles.
XXVII
El hombre debe contentarse con moderadas riquezas, y permanecer en el temor del Señor. Modestia en el hablar. Guardar al secreto al amigo. No armar lazos a otro.


XVIII
Sobre perdonar las injurias y refrenar la lengua. Debe evitarse el hombre maldiciente.


XXIX
De varias obras de misericordia; y prudencia con que deben hacerse. Debemos procurar adquirir honestamente, y conservar lo necesario para vivir.
XXX
Sobre la buena educación de los hijos; cuán peligrosa es la demasiada indulgencia con ellos. Vale mas la salud del cuerpo que las riquezas. Daños de la melancolía, y bienes de la alegría del corazón.


XXXI
Tribulaciones del avaro: elogio del rico que conserva la inocencia. De la modestia y sobriedad en la mesa.


XXXII
Del modo de portarse en los convites, así los ancianos como los jóvenes. Buscar en todo a Dios. No hacer nada sin consejo.
XXXIII
Es alabado el temeroso de Dios. El Señor ensalza a unos, y humilla a otros. Reglas para el gobierno de la familia; y modo de tratar a los esclavos.


XXXIV
Vanidad de los sueños, adivinaciones y agüeros: utilidad de las tentaciones. Bienaventurado el que teme a Dios. La ofrenda del pecador es abominable a Dios. Es inútil la penitencia del que no se  enmienda de sus vicios.


XXXV
La verdadera religión y piedad consiste en la obediencia a Dios, y no en la mera multitud de sacrificios. Protege el Señor a los oprimidos, y tocara algún día venganza de sus opresores.
XXXVI
Oración del autor de este libro a Dios, a favor de su pueblo de Israel oprimido. Sagacidad necesaria en el hombre, y utilidades que acarrea al casado una esposa virtuosa.


XXXVII
Del amigo fingido y del verdadero. Discreción que debe usarse en tomar consejos. Ciencia verdadera o falsa, útil o peligrosa. Males que vienen de la gula.


XXXVIII
El hombre prudente acude primero a Dios en sus enfermedades y aprecia las medicinas y al medico. Deberes de los vivos hacia los difuntos. De la agricultura, y de las artes.


XXXIX
Ocupaciones del sabio, y celebridad de su nombre. Alabanzas de la Providencia divina: todo se convierte en bien para los buenos, y en mal para los malos.
XL
De las miserias del hombre, y especialmente de las que lleva consigo la impiedad. Elogio de algunas cosas, y comparación con otras.



XLI
Para quienes es dulce y para quienes amarga la memoria de la muerte. Suerte de los impíos. –Debemos cuidar el buen nombre. De que cosas debemos tener vergüenza.


XLII
De no revelar el secreto, y de varias cosas de que no debemos avergonzarnos. Vigilancia de un padre de familias, particularmente en guardar a sus hijos. Debemos aplicarnos a considerar las obras maravillosas de Dios.
XLIII
Prosigue el Sabio haciendo memoria de las obras maravillosas del Señor.


XLIV
Elogio de los antiguos justos, en particular de Henoch, Noé, Abraham, Isaac, y Jacob.


XLV
Elogio de Moysés, de Aaron, de Phinées: sacerdocio de Aaron, y castigo de Coré, Dathán y Abiron.
XLVI
Elogio de Josué, de Caleb, y de los Jueces, hasta Samuel.


XLVII
Elogio de Nathán, de David, y de los primeros años del reinado de Salomon: ignominiosa vejez de este príncipe. Imprudencia de Roboam: impiedad de Jeroboam.


XLVIII
Elogio de Elías, de Eliséo, y de Ezechias.
XLIX
Elogio de Josías, de Jeremías, de Ezechiel, de los doce profetas, de Zorobabel, del Pontífice Jesús, de Nehemías, de Henoch, de Joseph, de Seth, de Sem, y de Adam.


L
Elogio de Simon, Sumo Sacerdote. Son vituperados los Iduméos, los Philisthéos, y los Samaritanos.
LI
Oración de Jesús, hijo de Sirach, en la cual da gracias a Dios por haberle librado de muchos y graves peligros, y exhorta a todos al estudio de la sabiduría.